Mis Escritos

Mis escritos

son gratutitos

copia y pega

y ya está.

Los derechos de autor son demasiado caros

son la excusa del depredador

para hacer dinero fácil

a costa del escritor.

Por eso prefiero confiar

en que se reconocerá mi autoría.

Por eso, yo regalo mi trabajo

siempre que reconozcan mi autoría...

Copia y pega y es todo tuyo,

con mi nombre en el final.

Gracias

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lunes, 1 de noviembre de 2010

Siento que Di-Siento



Disiento
porque siento
que lo siento...
No lamento
el tormento
de un intento
inadmisible
de volver a reencontrarte

Lamento
el portento
de tus ojos de avellana
que no miran mi mañana
que no observan mis caléndulas plateadas
adornadas
por las hadas que no existen
mas persisten
en amotinar mis pretensiones
con canciones de inquisiciones
maquiavélicas
eclécticas
sintéticas e irreverentes.

Por eso digo que Di-siento
porque no siento
tu cercanía
alma mía

lunes, 4 de octubre de 2010

Y ni siquiera es carnaval



Inhóspitos parajes auguran la reconstrucción de las máscaras
Hay máscaras de lágrimas de cocodrilo
y máscaras de sepulcros blanqueados
hay máscaras de dolor impropio
y máscaras de risas insignificantes
y luego hay máscaras de verdades falseadas
y de mentiras creíbles  y de mentiras creyentes.

Hay máscaras de forestas deforestadas
y de venados hambrientos, de flores marchitas
y de visiones, y de espejismos y de injurias...
Hay máscaras de libélulas audaces y máscaras de abejas asesinas
Las hay de murciélagos sordos, de buitres enyesados, de colmenas sin abejas y de panales sin miel, y las hay también de incendios y devastación total…


Una mujer con cara de desierto se puso una máscara de oasis para engañar a los sedientos; y un hombre con cara de inundación se colocó una máscara de resort veraniego, la mujer mira al hombre, el hombre mira a la mujer y se deshacen entre risas y escaramuzas y licuefactos se deslizan en silencio dentro de alcantarillas con sendas máscaras de Baticuevas.

Una paloma con máscara de halcón se enfrenta a un halcón con máscara de paloma y ya no se sabe quién es quién, si el halcón que se come a la paloma o la paloma quien devora al halcón.

Un inhumano con máscara piadosa se apiada de una viuda meretriz disfrazada de guardiamarina, mientras su hijo salta seiscientos tiburones, mil doscientos combinados y se planta de tortuga (apoyado al suelo solo con la frente y la punta de los pies)
-Mami, ya me duele la cabeza, no puedo más
-Tómate un acetaminofen muchacho necio y déjame acabar
-¿Acabar qué, mami?
- No preguntes bobadas…dale, dale, dale duro a esta piñata…
-¿Piñata? Entonces quiero caramelos, mami dame caramelos
-dale, dale, dale, dale duro a esta piñata...

Y las máscaras se multiplican, se hacen interminables, infinitas y ¿por qué no? algo aburridas...
Y ni siquiera es carnaval

sábado, 2 de octubre de 2010

Modernidad



La primera bocanada de humo de un cigarrillo despreciable
la última pepsi-cola del desierto que no quita la sed sino empalaga...
La bendición de las páginas Web
-sabiduría enlatada para todos los gustos-
los misterios de la relatividad
las dificultades de la cuántica
las irrealidades de la realidad
las fractalidades del orden caótico
el fracaso del comunismo
la tragedia del capitalismo
el naufragio definitivo de los demás ismos
el pensamiento sistémico
el pensamiento horizontal
el pensamiento vertical, inclinado, triangular, poligonal
el pensamiento hiperbólico, el parabólico y el antiparabólico
-me quedo con el último, porque si, es el que más me convence-
La codicia de los fondos internacionales
la miseria de los desposeídos
los que todavía buscan comida en los pipotes de basura
los que recogen latas y venden papel carbón
los acartonados que duermen a la intemperie
y nosotros, los de pulmones acartonados
todos estamos en el mismo trasbordador
dando vueltas inútilmente alrededor del mismo sol
que da vueltas desesperadamente
alrededor de un hueco súper masivo
con tanto poder de atracción como el de una pelirroja desnuda
o el de una geisha japonesa...

Pero queda una esperanza
una luz al final del túnel
-pido perdón por la frasecita trillada-
somos energía e información
luz consciente, vida más allá de la vida
muerte más allá de la muerte
que ya perdió su guadaña
-dicen que se la quitaron un par de encachuchados...
otros dicen que fue el malandro ese que se robó la placenta al nacer-
La muerte está desnuda sin su sotana y sin su hoz
es más flaca que una modelo con anorexia
y más ridícula que una comiquita
fuera de la pantalla del televisor...

Qué bueno que la muerte es ilusión,
ahora si puedo dormir tranquilo
y soñar con un río Guaire de aguas cristalinas
y beber de ellas mientras nado alegremente
entre peces y manatíes




Nota: Encachuchados son los que usan cachucha (gorra), peloteros, policias, militares y pantalleros...
Antiparabólicos somos los que no le paramos bolas a nada
Malandros son los delincuentes
Pantalleros son los que se creen la gran cosota y son pura pantalla
¿Alguna otra duda? Pregúntele a San Google


domingo, 22 de agosto de 2010

La mutación (de cómo el gusano se transformó en mariposa)

Llegas a mí en un carruaje movido por delfines,
salpicando las olas de mi último ocaso.
Los flamingos que salen a mi encuentro
desde tus flameantes y turbadores ojos
son cuchillos de azafrán,
y desde tu ingenua boca, las palabras semejantes a orquídeas metalizadas
me confunden,
y tal como la baba asoleándose en el infame sol de mediodía
quedo paralizado, tan inmovilizado como si me hubiera tragado
a un temblador vivo.

Entonces, al igual que el animal herido
-siempre a la defensiva-
que ataca a quien intenta curarlo,
te lanzo mis "tequieros" como si fueran puñales,
y tú, cándida, inocente, incauta,
no percibes la filosa aspereza de mi lengua
semejante a papel lija, hinchada, hiriente, mordaz.

Alegre y alocada
(como cardumen de sardinas ya dentro de la atarraya)
te abalanzas a mis brazos,
y te guindas de mi nuca
como si ésta fuera tu última esperanza.
Y yo, con una mano sobre tu seno y la otra mano sobre tu nalga,
sonrío malicioso, asechante, aun cuando mi corazón gime...

Me besas, como colibrí aleteando mientras sorbe el néctar de las flores.
Te beso, como insecto caído en las fauces de una drosera.
Y de pronto, súbitamente
tiembla el suelo bajo mis pies
y se abre el cielo sobre mi cabeza,
y miríadas de ángeles bajan, arpeando sus coros celestiales,
trompeteando triunfantes, baladas de amor indestructible,
por ti, para ti.

El gusano -o sea yo-
se ha hecho crisálida
y la crisálida se ha transformado en mariposa.

Gano confianza rápidamente:
Primero, la confianza del cunaguaro que ha abatido a su presa.
Después, la confianza del gavilán en su noble y alto vuelo.
Finalmente, la confianza del Catatumbo, de sus eternos resplandores.
Y me siento más hombre,
más macho, más viril, más varonil, más auténtico, más sensible, más amable.

¿Cómo consigue el amor cambiar la tormenta en arco iris?

No lo sé, solo sé que lo consigue

No le temo a la impaciencia de sentirme derruido


No le tengo miedo al negror de la muerte
ni a la frialdad de una lápida marmórea
ni a la certeza de terminar siendo la cena
de gusanos, larvas y raíces.
No le temo a las soledades infinitas del ocaso
ni a las tinieblas ininterrumpidas
de las calles nocturnas
ni al aullido de los lobos
ni al maullar de los gatos
ni al silencio de las aves
despobladas de sus cielos
ni al murmullo de las fuentes
en ausencia de turistas.

No le temo a las quimeras
ni a los ensueños mendigantes
ni a las puertas oxidadas
ni a la furia del averno.
No le temo al porvenir
ni al pasado ni al presente
ni a ese tiempo persistente
que acaricia incertidumbres
enredado en aspavientos.

No le temo a los infiernos
de la guerra y del espanto
ni a la paz de los sepulcros
ni al recuerdo inverosímil
de personas taciturnas
ni a la ausencia de recuerdos
en memorias más que ajenas
ni a la amnesia ni al desastre
ni al mareo ni al desquite.
No le temo a las bandadas
de bandidos bandoleros
ni a la ignorancia ni a su violencia delincuente
ni a los cerros ni a los llanos
ni a la hondonada indiferente y agresiva
ni al embate destructivo de las hordas asesinas

Ya no le temo a la carestía
ni a la falta de rocío en los ramales
ni al exceso de rocío en la mejillas
ni a los vientos ni a las turbas
ni a los mares ni a sus olas
embistiendo las orillas con su furia de titanes.
No le temo ya a la vida
ni a sus modas ni a sus ansias
ni a sus dioses ni a sus vallas
ni al suplicio consumista

subyugante en las aceras.

Le temo sí; y mucho,
a la Nada
Le temo sí, aún más,
al desvanecer de la conciencia
sin registros de presencia…
a la propia inexistencia.

sábado, 21 de agosto de 2010

Clavado a la cruz de los segundos


Clavado a la cruz de los segundos
escucho el tronar de los tambores
en cielos aturdidos por clamores
y sueños y esperanzas y temblores.
Si buscas ajetreo cotidiano
encuentras la cesura de la historia;
si buscas una pausa silenciosa
te abate el estruendo citadino
que quiere entretejerte con su escoria

Clavado a la cruz de los segundos
escucho el tañer de las campanas
en torres profanadas por palomas
carentes de mensajes o de paz
Si buscas el sosiego lugareño
te hallas en medio de una jungla,
si buscas a las fieras del ayer
solo hallas el silencio de una tumba
postrada ante otro amanecer.

Yo busco gravedades planetarias,
el fuego legendario de las novas,
la honda oscuridad de la materia
la hueca hostilidad de la energía.
Y quiero balancearme con las cuerdas
aun  cuando tan sólo sean teoría.

Tarzán cuasi-estelar y super-cósmico
sin más león que nebulosas
sin más bestia que galaxias
sin más que un hoyo negro por morada,
yo busco un baricentro que elimine
mis dudas, mis creencias, mis demoras
y logre perpetuarme finalmente
verdades tan serenas como sólidas.

Y encuentrome la nada silenciosa
vacía, titilante, temerosa
reacia, vulgar y melindrosa
buscando acariciar la poca cosa
que queda de mi fuga y mis fatigas.
Y sólo en mis fatigas y mi fuga
se esconde la mitad de mi apellido.
Que Santo, ni que santo, ya no hay santos
ni sueños, ni el consuelo del olvido
por eso es que desmiento lo que digo
por eso es que digo lo que siento.


Brutal paradoja inconsecuente
se ríe de mi vida y de mi mente
y yo, degradado y maldecido
en pleno plan de observador
me quedo perplejo y aturdido
cobarde, silente y aterido
mirando cual fuera espectador.