Mis Escritos

Mis escritos

son gratutitos

copia y pega

y ya está.

Los derechos de autor son demasiado caros

son la excusa del depredador

para hacer dinero fácil

a costa del escritor.

Por eso prefiero confiar

en que se reconocerá mi autoría.

Por eso, yo regalo mi trabajo

siempre que reconozcan mi autoría...

Copia y pega y es todo tuyo,

con mi nombre en el final.

Gracias

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miércoles, 28 de mayo de 2008

Niler tí, aila tái, naila wanta

Niler tí, aila tái, naila wanta
una frase que soñé sin saber qué significa,
una frase de un idioma que no es mío ni es de nadie,
el misterio de una voz que creyó le entendería,
la silueta de una historia que se escapa de mi alma,
el proverbio de otro mundo, de otro ambiente, de otro espacio en otro tiempo.
Niler tí, aila tái naila wanta
y recito en esta frase aspavientos y quimeras,
y me pierdo en escaleras de cristales de Murano
sin saber el qué decir, el qué pensar, el qué de qué, el qué de nada.
He buscado, sí lo he hecho, entre tantos diccionarios
pero nada en este mundo me ha clareado el intelecto
y no sé si es un romance, un amor o una condena,
y presiento que es el golpe que define la existencia,
y comprendo que me voy perdiendo en medio de demencias…
Niler ti, aila tái naila wanta
una frase que se extiende al infinito y me encanta,
una frase que me hechiza sin saber lo que me canta:
Niler ti, aila tái, naila wanta

Huyo nuevamente

Abriría tu legado en un vestido cuadriculado
pero la geometría se me pone belicosa.
Ensancharía el arco iris para darle más colores
pero el diseño me abandonó al conocerme.
Restauraría cada arruga de tu rostro de artefacto
pero el jabón y su amoníaco y su perfume y su sabor fugitivo…
tú sabes.
En el mar los peces tejen telarañas porque están acomplejados
y creen que pueden pescar una ballena, ¡ja!
En el cielo, entre las nubes, las gaviotas juegan al trampolín
haciendo rizos y piruetas con las alas extendidas…
Y aquí estoy yo, rendido ante tu belleza carcelaria,
atado a la esclavitud voluntaria que me inspira tu mirada flechadora,
fantaseando con galaxias y nebulosas, como si fueran juguetes natalicios
mientras una caricia como un soplo, como hoguera afilada y pretenciosa,
como manto recubierto de una fosa, como esgrima que se espada en mi silencio,
me sacude, me voltea, me derrumba, me emociona y me enloquece
y la luna crece
y la marea se ahoga
y las flores vociferan su alegría matizada por colores edénicos
y las arpas de los ángeles propagan su cliché de nuevo
más bonito, menos trillado, más astuto, menos bordado.
Y yo me vuelvo furtivo
y huyo, nuevamente
hacia ti…

Jardín colgante

Tañen las campanas
en silencio, solo escuchan los perros ladradores
y los gatos que maúllan
y yo
enterrado en el mutismo de una sangre que borbota
inteligible y aspirada.

Tañen las campanas
en estruendo apocalíptico,
y ahora sí se asoman las vecinas cacatúas
a gritar sus espantos, sus angustias, sus terrores,
se levantan los telones militares con sus armas masivas y mortales
en busca del alieno extraterrestre que ha osado invadir nuestro planeta.

Si me escondo en el ocaso ensangrentado
si me celo bajo la bóveda nocturna
o tal vez detrás de la cara oscura de la luna...

Los sabuesos han captado mi presencia,
los latosos han olido mi alba esencia,
así que desintegro mi agonía vegetal
y transformo cada pierna en mil raíces
cada brazo en una rama,
y recibo los nidales de los pájaros cantores,
los panales de abejas asesinas
los cubiles de ardillas moradoras
cual si fueran los tesoros de la historia.
Es así como me vuelvo un jardín colgante...

y paso totalmente desapercibido,
bajísimo perfil.

El oleaje se balancea

El oleaje se balancea como cuna navegándose a sí misma,
en esta tórrida tarde tropical,
entre lilas y rosados,
entre púrpuras y escarlatas,
yo te espero en la orilla de un deseo continental y oceánico.
Te imagino legendaria, bronceada y melindrosa,
cadereando maliciosa sobre arenas diamantinas,
en ese hilo dental que nada esconde,
pequeña piececilla de tela que resalta e insinúa tu figura y tu belleza.
Ante tanta sensualidad,
¿qué podría hacer yo, además de atosigarme entre bisbiseos y palabras entrecortadas?
Pero llegas tan vestida que no entiendo cómo no te sofocas bajo esta modorra bochornosa.
El oleaje se balancea bajo tu enagua de cobalto
mientras aguas de titaneo se refrescan, espejándose en tu vientre.
Ya estás tan cerca que puedo desvestirte tan solo con mi aliento
y es la presunción de mi culpable inocencia la que dispara la sonrisa nerviosa
que delata mis secretos e intenciones hacia tí;
Aún así sonríes,
pasando de largo...
otro chasco irreverente y presumido.

Redescubro el fuego

Atravesada por los rayos polares
como mariposa sacrificada al ocaso,
respirabas lentamente,
jadeante,
en la esperanza de mi beso resucitador,
pero el tiempo es enemigo de la historia,
pero el aire es enemigo de la gloria,
pero el cielo es enemigo del deseo
y la cobardía es astuta, habilidosa
como una diosa vespertina
viperina…

Así fue que se restauró el mito
de la castidad
entre mi beso esquivo
y tu labio de pedernal.

Aun así
a veces sueño
que redescubro el fuego…

Poesía ¿basurita?, ¡la más bonita!

Comprendo, creo
que escribir poesía basurita
es como dejar que todo salga,
lo malo, lo vergonzoso, lo culposo, lo irreal
lo inaguantable, lo satírico, la inercia y el desmán,
dentro del desván.

¿Yo sin rimas?, ¡no que va!
aunque sea
alguna se me colea.

Poesía basurita
es regalarle a Rita
una bonita
y deliciosa fresita
cubierta de Rosa
con olor a Jazmín
y como Rita es celosa
me acosa
por culpa de Rosa
y de Jazmín.

Rita es una rata
que todo lo alborota,
Rosa es una rita
que vive en una gruta,
Jazmín es una ruta
perdida en una gota
que canta nota a nota.

Y si dudaban de mi locura,
no duden más,
a confesión de parte
eleven su estandarte,
digo
¿no?

Degradación de grises

Degradación de grises
entre muros citadinos;
evocan los caminos
desandados por matices
purulentos y amorfinos.

Un silencio estrepitoso
se equivoca de señuelo
hundiéndose en un suelo
humorado y cauteloso
que pretende ser mi duelo.

Y los grises perseveran
en la tarde incinerada,
y jugando con la nada,
los lamentos se entreveran
a mis sueños de manada.

Nada exijo de la vida;
no reclamo a la hondonada
el gran filo de su espada,
ni a la roca desmedida
le replico su coartada.

Nada espero de la muerte:
ya no espero más amor
que el vestido de dolor,
ni placeres, ni la suerte
de espejarme en tu candor.

Degradación de colores
en los últimos fragores
de la noche citadina,
y se hunde nueva espina
en mi cuerpo y mis errores…

Callar

Entre mi ayuno y tu virtual ceguera
hallamos el silencio de la hoguera
con su infernal calor y su crepitar odioso,
con su figura y su danzarina forma.

Ayer andaba yo buscando un amuleto
de esos que no hallarías en vano
de esos que resuelven los problemas
con solo un soplo o el humo de un habano.

Ayer andaba yo buscando un diente
de esos que; perdidos en el tiempo,
dejaban una monedita simple
guardando el sueño debajo de la almohada.

Ayer andaba yo buscando mil silencios
de esos que pululan entre sombras,
tan solo hallé estruendos peligrosos
de esos que aterran a titanes.

Hoy ya no busco más que una piedra
con que golpear mi boca parlanchina,
callar, callar, callar de nuevo y luego
callar mil veces y otra vez de nuevo.

Callar hablando como habla al loro,
diciendo tanto sin decir concepto,
y balbucear como un fiel neonato
para callar de nuevo ante el frío llanto.

Y si la risa osara desvirtuar
el sacro templo de tristeza santa,
si atar osara, la melancolía
-señora y dueña de esta alma mía-
la embestiré con áridos enojos
para gloriarme de todas mis congojas
y regodearme en el dolor que olvida…

Soy desastre

Cadenas escarlata se entrelazan
en un vacuo sentir correspondido
por el parafraseo inmediato y decidido
de un vuelo de ave adormecida.

No llames a mi puerta, está cerrada
por el tiempo y el espacio deleznables,
no busques mi ventana, está desierta:
bajo dunas de cemento está oxidada.

El silencio se tornó único aliado
de un soñar evidente y prodigioso,
dormitar ya no es dormir, es venenoso
hasta el aire en mis pulmones y tu asado.

No toques mi bandera, está ensuciada
por las sangres de aspavientos moribundos,
y mis riendas las dejaste en inframundos
que no quieren delatarme cual carnada.

No me hables de escaleras virginales,
ya no creo en los tesoros del vacío,
ya no siento los enojos del olvido
y el perdón se ha vuelto aire irrespirable.

Cadenas escarlata que descansan
en arco iris uniforme e incoloro,
ya no alcanza la dulzura del decoro
a frenar los rumores que me afianzan.

Soy de cieno, de cemento y de asfalto,
soy tiniebla, soy tormento, soy cobalto,
radioactivo, temeroso, destronado,
soy el hombre del futuro malogrado,

soy la voz del silencio funerario
y me fumo hasta las ganas de moldearte
en migajas de ese pan que nunca horneaste,
soy desastre; sí; lo admito...
y gritarles me permito:
también soy el desastre.

Oh cebolla.

Entre las capas llorosas de tus campos moleculares,
se desvían los átomos de ciencia y maravilla
oh cebolla,
llanto eterno e irreversible
contenido en océanos electrónicos pletóricos de ideas,
digerirte es un placer,
descarnarte es un orgullo,
oh cebolla, la natural, la compleja, la acomplejada de la siembra,
siempre bajo tierra, escondida,
medio viva, medio muerta
jugosa y expansiva…

La versatilidad de tu diseño se me escapa de las manos
mientras lágrimas regalas al tajarte hábilmente,
eres reina de mis cuitas, eres goce de mis labios,
eres joya en mi paladar agujereado por las llagas del destino,
eres dulce y amargosa,
pero siempre deliciosa.

¡Oh cebolla!